«Hija, no sé cómo aguantas todavía trabajando»

El propietario del 'Alboka', Javier Zarandona (de negro en el centro), brinda con champán mientras muestra uno de los décimos premiados. /Maika Salguero
El propietario del 'Alboka', Javier Zarandona (de negro en el centro), brinda con champán mientras muestra uno de los décimos premiados. / Maika Salguero

Los agraciados de Gernika ya hacen planes de compra: un coche, vacaciones, la matrícula de la uni, la hipoteca...

IRATXE ASTUI

El poteo del mediodía subió unos grados más de lo normal ayer en Gernika. Sobre todo en el entorno del barrio San Cristóbal de la villa foral y más en concreto a las puertas de la taberna 'Alboka', situada en el número 105 de la calle Juan Calzada, que repartió entre sus clientes casi el total de las treinta series del Gordo de Navidad expedidas en la villa. «La víspera devolví tan sólo unos nueve décimos que me quedaron sin vender», señaló Javier Zarandona, el propietario del popular establecimiento que a diario sirve menús de comida tradicional. «Es que no me lo puedo creer. Estoy contentísimo porque hemos hechos felices a mucha gente», atinaba a decir, mientras sujetaba su copa de champán tras la barra.

La noticia se la dio su hermana Leire, por teléfono, porque «a media mañana quité la tele porque uno de los chavales de San Ildefonso cantaba tan raro los premios que me cogió la cabeza», reconoció. A partir de ahora se tomará la vida de otra manera. «Tengo dos décimos, uno de ellos compartido con unos clientes, pero aunque tenga que seguir trabajando lo voy a hacer con la seguridad de tener un colchón», apunto mientras recibía besos y felicitaciones por parte de los clientes habituales .

Los millones también llegaron a la vecina panadería del BM.
Los millones también llegaron a la vecina panadería del BM.

yerman, Ayer, Josué y Arito, cuatro universitarios gernikarras, también se asomaron ayer hasta el establecimiento hostelero al 'olor' del dinero. «Les ha tocado a nuestros padres y algo pellizcaremos del Gordo. Nos han sacado de la cama para darnos la noticia», apuntaron los jóvenes que no tardaron mucho en hacer la lista de peticiones a sus progenitores. «El coche, unas vacaciones y las matrículas de la uni», sugirieron. Fuera del bar, varios matrimonios acompañados de sus hijos pequeños no dejaban de reír y abrazarse entre ellos. «Somos de Muxika y Gernika y los sábados quedamos para potear por este barrio en cuadrilla. Teníamos décimos de todos los bares del entorno de la plaza de San Cristóbal», explicó la muxikarra Ana Escobar.

A algunos de los agraciados del grupo les unen, además, vínculos familiares por lo que en sus hogares se vislumbran una Navidades «a lo grande». «Imagínate, además de tener yo el mío, mis padres guardan un décimo», se alegró otra clienta del 'Alboka', que prefirió mantenerse en el anonimato.

La cajera del supermecado aguantó hasta terminar su turno.
La cajera del supermecado aguantó hasta terminar su turno.

En secreto

La gran mayoría optó por llevar con discreción su fortuna, aunque no todos conseguían ocultarla. Las sonrisas terminaban por delatar el secreto. «Está bien; te he dicho que no, pero tengo un décimo premiado. Jo, es que no quiero que nadie lo sepa», declaró finalmente una profesora. «No voy a dejar de trabajar porque me encanta dar clases, pero viviré más relajada», reconoció.

Felipe Basterretxea, un gernikarra entrado en años, sacó de manera discreta el décimo que días atrás compró en 'Alboka Taberna' para que otra afortunada le confirmara que su número de verdad correspondía al Gordo. «Guárdalo bien, que sí, que está premiado», le señalaron a las puertas del bar. El gernikarra atinó con dificultad a meterlo de nuevo al bolsillo y optó por apartarse del jolgorio.

Los gritos de alegría se dejaron oír también en el supermecado BM, próximo al bar. Nada más entrar, las panaderas y, a su vez, cuñadas, no paran de atender a los clientes, aunque sin poder ocultar su nerviosismo. «¡Voy a poder pagar el agujerito del piso y encima mañana mi 'cumple'!», manifestó alegre Marije Barayazarra. En la cinta de la caja, Silvia pasaba los productos por el detector con más alegría si cabe. «Hija, no sé cómo aguantas todavía trabajando sabiendo que te ha tocado», lanzó una clienta después de felicitarla con un beso.

La cara más triste de la jornada, sin embargo, la puso Juan Jesús Bilbao, el pescatero del supermercado. «Llevo cogiendo el décimo del 'Alboka' desde hace 5 años, pero este no sé por qué razón no lo compré. Quizás es que no me tenía que tocar», se conformó.

La clave

Javier Zarandona:
«La víspera devolví a la administración una decena de boletos que me quedaron sin vender»
Un pescatero, la cara triste:
«Llevo cogiendo el décimo del 'Alboka' desde hace cinco años, pero este no sé por qué no lo compré»